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3 pilares para unos hábitos de vida saludable

A nadie se le escapa hoy en día que los hábitos de vida saludable pasan por tres pilares fundamentales:

  • La práctica habitual de ejercicio físico
  • El cuidado de la salud y la higiene
  • Una correcta alimentación
El deporte: un valor en alza

Cada vez son más quienes se animan a practicar algún deporte e inculcar la práctica del ejercicio físico a sus hijos, conocedores de los grandes beneficios que la su práctica tiene no sólo sobre nuestro cuerpo, sino también sobre nuestra mente. Podemos destacar tres grandes áreas sobre las que el deporte ejerce su acción beneficiosa para la salud:

  • Es beneficioso para el corazón, aumentando la eficiencia cardíaca, contribuyendo a la reducción de la presión arterial, mejorando la circulación y previniendo el riesgo de la formación de coágulos en las arterias.
  • Es beneficioso para el metabolismo al aumentar el aprovechamiento del oxígeno, incrementar el consumo de grasas durante la práctica del ejercicio, contribuyendo a la disminución del colesterol, mejorando la tolerancia a la glucosa y mejorando la respuesta inmunológica.
  • Es beneficioso para la mente, por la liberación de endorfinas (sustancias del propio organismo que favorecen la sensación de bienestar tras el ejercicio). Además, disminuye la agresividad, la angustia y la depresión y aumenta la energía y la capacidad de trabajo.
La salud: de la curación a la prevención

Cada vez somos más conscientes de que para vivir una vida larga y con una buena calidad de vida, no basta con "acudir al médico" cuando estamos enfermos. En pocos años, hemos pasado del hábito de acudir a los profesionales para curarnos para pasar a buscar su ayuda para prevenir las enfermedades.

Quizá la salud bucodental es el área en la que más hemos avanzado, tanto en prevención como en tratamientos, aprendiendo a darle una gran importancia a la higiene y estado de nuestros dientes, no sólo por razones estéticas sino por el importante papel que juegan en la digestión, cuyo primer paso tiene lugar durante la masticación y las consecuencias que ello tiene sobre la salud global de nuestro organismo.

Ahora sabemos que la digestión y los órganos implicados en ella juegan un papel vital en nuestra salud, teniendo en cuenta sobre todo que la mayor parte de nuestras defensas se encuentran en nuestro aparato digestivo, al que cada vez prestamos más atención y buscamos la ayuda de los probióticos y prebióticos para cuidarlo.

La alimentación: asignatura pendiente

Sin embargo, pese a todo este nuevo conocimiento adquirido, llama la atención que la alimentación, uno de los grandes pilares de una vida saludable (quizá el más importante), siga siendo una asignatura pendiente.

Hay muchos factores que influyen a la hora de evaluar el por qué no nos alimentamos de forma correcta. Por un lado, cada vez tenemos menos tiempo para dedicar a la compra y la cocina y por otro, vamos importando hábitos alimentarios de otros países que no siempre son sanos, como es el caso de la llamada comida rápida. A todo ello se une la industrialización de los procesos para producir alimentos, que lejos de buscar técnicas para producir alimentos más nutritivos, se orientan a la producción de alimentos en masa, olvidando las técnicas tradicionales y, en ocasiones dejando en un segundo plano la búsqueda de la calidad de los alimentos en aras de la productividad.

Pero... ¿en qué consiste una alimentación saludable?

Diferentes expertos tienen distintas opiniones sobre el tema, así que es difícil dar una respuesta concreta. Casi todos los especialistas coinciden en algunas pautas como:

  • Realizar 5 comidas al día.
  • La importancia de realizar un buen desayuno que incluya hidratos de carbono, minerales, fibra y vitaminas.
  • Realizar cenas ligeras, de no más del 25% de aporte de calorías.
  • Beber entre 1,5 y 2 L de agua al día.
  • Comer más proteínas vegetales y menos animales.
  • Tomar 5 raciones de frutas y verduras al día
  • Reducir el consumo de dulces y harinas refinadas, especialmente los productos elaborados de forma industrial (bollería, aperitivos, etc.)
  • Incrementar el consumo de cereales integrales.
  • Reducir la ingesta de grasas, utilizando siempre aceite de oliva
  • Volver a la alimentación tradicional de nuestras abuelas, con sabias recetas que combinan los grupos de alimentos, como las legumbres con cereales.
  • Evitar el consumo de alcohol.
  • Aprovechar los productos de temporada.
  • Mantener un horario fijo para las comidas.
  • Masticar despacio los alimentos.

Aunque aún no todos los especialistas coinciden, cada vez son más las voces que alertan de que alimentos como la leche o la carne no son tan saludables como habíamos pensado y abogan por una alimentación que reduzca o incluso prescinda de ellos.

Sin embargo, quizá a lo que más atención deberíamos prestarle es a la calidad de los alimentos que ingerimos y compramos, a la forma en que han sido producidos y a los ingredientes que llevan. Esto nos lleva a hablar de los alimentos ecológicos.

Existe un incipiente auge de la agricultura ecológica a nivel mundial y a los productos elaborados de forma natural y tradicional. Cada vez son más personas las que se dedican a producir este tipo de alimentos, así como quienes los demandan, conocedores de los beneficios que pueden aportar a su calidad de vida. Se trata de productos que buscan la calidad y que no están reñidos con la productividad pero, ¿sabemos qué es un producto ecológico y qué beneficios aportan?

¿Qué es la agricultura ecológica?

La agricultura ecológica comprende un conjunto de técnicas, cuyo objetivo es producir alimentos de calidad en cantidad suficiente, sin incidir en el medio ambiente más de lo imprescindible y sobre todo conservando la fertilidad del suelo y procurando el bienestar animal.

Surge como una alternativa a la agricultura convencional, impulsada desde la preocupación por la calidad de los alimentos y su influencia en nuestra salud y por la creciente conciencia social de respeto al medio ambiente.

¿Son realmente saludables los alimentos ecológicos?

A nadie se le escapa que a simple vista, los alimentos ecológicos carecen de conservantes, colorantes y saborizantes artificiales y potenciadores del sabor que están en el punto de mira de los profesionales de la nutrición y sobre algunos de los cuales, cada vez se descubren más inconvenientes para la salud.

Tampoco contienen pesticidas químicos ni abonos de síntesis, con lo que se evita la contaminación del suelo y los acuíferos, además del propio riesgo para la salud que conlleva la exposición a estas sustancias.

Por último, al ser elaborados de forma artesanal y cuidadosa, los alimentos ecológicos recuperan los sabores y gustos auténticos, cultivados en suelos ricos en nutrientes.

Eco, bio, orgánico, ecológico...¿es lo mismo?

Existe mucha confusión entre los términos ecológico, orgánico y biológico (o bio). En realidad, son sinónimos y se emplea uno u otro en función del país. En el nuestro, usamos el término ecológico para referirnos a este tipo de productos cultivados sin pesticidas de síntesis ni abonos químicos.

Que no te engañen: busca los avales ecológicos en las etiquetas

Hace unos años, los prefijos Bio, Eco, etc. podían ser empleados para denominar cualquier producto, fuera procedente de agricultura ecológica o no.

Aunque actualmente no es así, para asegurar al consumidor final la autenticidad de estos alimentos ecológicos, todos los países han creado unos organismos de control que garantizan y velan porque se cumplan las normas de la agricultura ecológica: tipo de semillas que se plantan (no se pueden utilizar semillas modificadas genéticamente), formas de cultivo, elaboración etc.

Los productos que llevan en su etiquetado los sellos de estos organismos oficiales (bien de los Consejos de Agricultura Ecológica de las Comunidades Autónomas, bien de empresas privadas autorizadas como Sohiscert, Ecocert, Bioagricert, etc., son productos garantizados como ecológicos.

¿Es más caro comer ecológico?

Comer ecológico no nos debe salir necesariamente caro, sino lo contrario. Es cierto que, al tratarse de una producción limitada y necesitarse más tiempo para su producción, el precio de los productos ecológicos es en general mayor que el de los convencionales, pero se trata de saber comer y comprar.

Pensemos cuántas veces compramos cosas que no necesitamos solo para aprovechar una oferta y cuántas veces se nos estropea comida en la nevera. Si ese dinero lo destinamos a conseguir calidad en lugar de cantidad, nuestro bolsillo no se resentirá.

Por otro lado, el consumo de carne no ha dejado de aumentar en los últimos tiempos, a pesar de que los especialistas en nutrición no dejan de alertar de los perjuicios del consumo excesivo de proteínas animales. Con una dieta más vegetariana no sólo estaremos cuidando más nuestra salud sino que conseguiremos también reducir el importe de nuestra compra y disponer de un dinero extra para adquirir productos ecológicos de calidad.

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